Cuauhcalli-Chocolín: repensando la educación

Arte y Cultura

Jesús González Galindo, comparte para PICO Informativo, una propuesta en la que es colaborador, para replantear el concepto y las dinámicas de educación.

La Prepa 224 “Cuauhcalli-Chocolín” está ubicada en el municipio de Chimalhuacán, Estado de México. Nace a partir de la necesidad que tuvo la Prepa 55, nuestra escuela madre y un referente gigantesco de la lucha por la educación pública en el Estado, de seguir dándole acceso irrestricto a toda y todo aquel que quisiera acceder a la educación media superior, sin importar si se hizo o se reprobó el examen COMIPEMS, si es “muy mayor”, si aún no se cuenta con certificado de secundaria o si se fue expulsado o expulsada de otras escuelas preparatorias oficiales con boletín de “no admitir”.

En 2003, la escuela comenzó como el Campo II “Chocolín” de la Prepa 55, sin posibilidad de tener recursos propios o dirección escolar. Luego de años de gestiones y lucha social, el 13 de septiembre de 2006 se logró su oficialización y nace formalmente la Escuela Preparatoria Oficial No. 224.

Las luchas, tanto de la Perpa 224 como de la Prepa 55, son por el acceso a la educación media superior a toda y todo interesado en estudiar, experimentando la autogestión curricular, para contribuir en el cambio socio ambiental de la región; también son por dignificar la labor docente y darle un espacio de crítica y de lucha a aquellas y aquellos profesionistas que, proviniendo de la misma zona en la que trabajamos, no encontraron otras oportunidades laborales en su área de estudio.

Desde el inicio de ambas escuelas, buscamos adecuar la enseñanza al contexto de nuestras y nuestros estudiantes, habitantes de una de las regiones más precarizadas y violentas del centro del país, desde una perspectiva de lucha por sus y nuestros derechos. Así, transitamos por varios marcos teóricos, parches y remiendos, hasta plantearnos de lleno hace unos meses, comenzando la emergencia sanitaria, en el pensamiento decolonial.

Hoy por hoy, no tenemos la osadía de nombrarnos “escuela decolonial” porque estamos en ciernes, tropezándonos, avanzando lento, enfrentando resistencias internas, carencias de infraestructura, problemas financieros y trabas que nos impone el Estado. No obstante, a pisos de tierra y techos de lámina, estamos satisfechas y satisfechos del trabajo que hacemos y esperamos, aunque sea en atisbo, hacer parte de la diferencia.

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